El hablar con fe

La Biblia nos enseña en varias partes que la fe debe ser confesada. Esto lo vemos aun en la esencia misma de la salvación. Según Romanos 10.8-10, esta confesión no se refiere a la repetición mecánica de alguna oración sino a la declaración de que Jesús es nuestro Señor de manera constante, demarcando y declarando así un estilo de vida sujeto a la Palabra, la cual es llevada por obra como un acto de demostración de fe en lo que se dice.

Si nosotros recibimos la Palabra de Dios y la creemos y declaramos con fe, esta viene a ser vida y salud para nosotros.

No se puede disociar la fe verdadera de lo que hablamos constantemente. Miremos lo que dice Proverbios 10.11a: “Manantial de vida es la boca del justo…” De la boca del justo deben brotar constantemente palabras de edificación, bendición, fe, esperanza, amor, consejo, consuelo, etc.

En Proverbios 6.2 dice: “Te has enlazado con las palabras de tu boca,

Y has quedado preso en los dichos de tus labios”. Salomón dice bien claro que lo que decimos puede ser de bendición o maldición para nosotros, y que quedamos “atados” en las cosas que decimos porque, por lo general, estas nos ocurren y vamos a dar cuenta de cada una de ellas. Jesús dijo en Mateo 12.36: “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio”. Esto no solo lo dice la Biblia sino que nos lo confirma la experiencia. Y declara en Proverbios 18.21: «La muerte y la vida están en poder de la lengua…»

Cuando afrontamos una situación, la respuesta en nuestro corazón es expresada por nuestra boca y hablamos lo que creemos. Jesús lo dijo claramente y advirtió a los fariseos en Mateo 12.34-35: “… ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas”.

Lo que podemos ver a lo largo de toda la Biblia es que Dios nos quiere enseñar a hablar y a hablar Su Palabra, que tiene poder creativo en sí misma, pues son palabras de vida. Esto quiere decir que la Biblia tiene vida, no es solo informativa sino que tiene en símisma un poder que hace que las cosas ocurran.

Esto lo vemos en el principio mismo de ella. Dios demuestra en el libro de Génesis cómo habla sus palabras y las cosas ocurren. Dice: «Sea la luz», y la luz se hace. Él todo lo creó con el poder de Su Palabra.

La Biblia también nos advierte que nuestras palabras deben de ser de fe, si queremos ver días buenos y amar la vida: “Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño” (1 de Pedro 3.10).

En el libro de Malaquías 3.13-18 nos da Dios un parámetro para discernir y entender quiénes son los que le sirven y quiénes no; quiénes son los que hacen justicia y quiénes no. Del verso 13 al 15 vemos a los injustos y que estos tenían palabras violentas contra Jehová. ¿Cuáles fueron esas palabras violentas?: El no creerle a Dios y decir que le va mejor al que no cree que al que cree y que Dios no cumple con lo que promete. Pero los que temían a Jehová «hablaban cada uno a su compañero y Jehová oyó». Estas palabras habladas entre los justos eran palabras de fe, palabras de aliento a la espera de los cumplimientos proféticos, o sea, con fe en lo que Dios había dicho, y estos fueron los principales tesoros de Dios y los beneficiados en el día que él actúe.

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Sara Caceres

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